Escuché a alguien decir que un terrible desengaño amoroso la llevó a ese infeliz destino, nadie supo sin embargo a ciencia cierta los verdaderos motivos que tuvo para elegir la difícil vida de la mujeres fáciles. Nacida en aristocrática cuna, de conocida familia guayaquileña de rancio abolengo, la niña Paquita creció en medio de la opulencia, su acaudalada familia gozaba de una prosperidad económica envidiable, nada hacía suponer que la bella adolescente daría algún dia un mal paso, lo cierto es que un buen día la jovencita guayaquileña lió sus bártulos y llegó a Quito a ejercer el oficio mas antiguo del mundo.
La joven guayaca era de una belleza única : piel blanquísima, pelo castaño claro, ojos almendrados y un rostro angelical complementaban un cuerpo de pecado. Los quiteños se volvieron locos por la mona aniñada. Era una damisela de lujo, pocos podían pagar sus favores. Un cabaret exclusivo, por la calle Colon, antigua zona rosa de Quito, era su centro de operaciones. Por su cálido lecho pasaron los mas selectos caballeros de época. Políticos, deportistas, ricachones , profesionales se disputaban sus caricias. Asi pasaron los años, Paquita consumía su juventud en el sórdido ambiente de la prostitución, le cansó la capital, buscó otros aires, cual venus gitana, llegó a Riobamba. Su esbelta figura era cosa del pasado, llegó a la Sultana cargada de experiencia y de unos cuantos kilos demás. Conservaba sin embargo parte de su belleza de antaño, su porte era aristocrático y llamaba poderosamente la atención de jóvenes y viejos. Aquí hizo roncha, se vovió mas popular que muchos políticos. Era un espectáculo verla caminar por la 10 de Agosto, balanceando su generoso busto, bajaba acompañada de otras prostitutas mas jóvenes pero vulgares y ordinarias. Ella destacaba porque tenía clase y educación, los jóvenes le silbaban y le lanzaban piropos de todos los colores, los viejos fingían no conocerla y miraban a otro lado, ella solo los veía con cómplice sonrisa, las damas riobambeñas comentaban en voz baja y las beatas se persignaban Una amplia gama de riobambeños pasaron por su lecho y muchos adolescentes se graduaron de hombres en sus tiernos brazos.
Ignoro como terminó esta historia, si alguien conoce hágamelo saber por curiosidad. A estas alturas todos los riobambeños que pasan de los 45 años sabrán que me he referido a la famosa Paca Cucalón.



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